martes, 4 de febrero de 2014

EL SÍNDROME DE LA POST-MADUREZ HUMANA

HOLA CHICOS.
SI LES PARECE CONTINUAREMOS ALGUNAS DISERTACIONES ACERCA DE "SOBREVIVIR".;
EL SÍNDROME DE LA POST-MADUREZ HUMANA.
Para qué las quiero tiernas… Si cuando están maduras, caen solas”.
(Decir de mexicana picardía).

Cuando me preguntan; ¿En qué etapa de la vida me encuentro?, Yo les respondo que en la etapa reproductiva, porque todos los seres vivos; “Nacen, Crecen, se Reproducen y Mueren”, Y como yo no estoy muerto, pues…
En el primitivo orden del Reino Animal, el individuo que pierde la capacidad de reproducirse, degenera rápidamente, es expulsado de la comunidad, abandonado a su suerte si le va bien, cuando no, asesinado inmisericordemente.
La “Sabia Naturaleza”, es así. El admirable instinto maternal (o más raramente el paternal), deriva del básico y poderosísimo Instinto de la Preservación de la Especie, y tiene como sustento natural el mecanismo de la supervivencia de los más aptos. Como quiera que entendamos el absolutamente asombroso y Divino, mecanismo de La Creación, a través de los mecanismos evolutivos que la ciencia moderna no deja con lugar a dudas.
No podemos negar nuestra naturaleza animal, so pena de automáticamente descender en la escala evolutiva (caso que la hayamos escalado significativamente).
Dicen que el “Hombre Soltero es un Animal Imperfecto”, pero yo digo que más bien el hombre casado es “Un Perfecto Animal”.
Sin embargo, por más que intentemos racionalizar nuestro estado de inminente (o actual) senescencia, no podemos sustraernos al hecho básico de que los años han pasado y que nuestras mejores épocas han quedado atrás. Le decía una llorosa y enojada esposa a su sufrido cónyuge: “Así me tratas, y pensar que te he dedicado los mejores años de mi vida”, a lo que prontamente contestó el interfecto: “¿Cómo, ésos fueron los mejores?”.
Dejando de lado el dudoso humor de estas reflexiones, diremos que los mecanismos que conllevan a la vejez en el ser humano no difieren mayormente de los que lo realizan en la escala animal a la cual pertenecemos..Sin embargo, hay una significativa diferencia, nosotros los humanos, tenemos una mayor capacidad de influir en nuestro medio ambiente, (para mejorarlo y también para perjudicarlo, no nos quepa duda), que la mayoría de los seres que pueblan la tierra.
La incesante actividad de los seres humanos en la superficie del planeta (o en su cercana proximidad), desde la aparición de los primeros homínidos hace alrededor de 200,000 años, (todavía hay una interesante e interminable controversia acerca de cuando fue tal suceso), ha tenido un cada vez más profundo impacto, en el equilibrio ecológico-ambiental de nuestro planeta, y asimismo hacia nuestro medio interno,(nuevamente para mejorarlo o todo lo contrario). De ahí que nuestro cuerpo humano haya sufrido cambios diferentes a los de otras especies, que no tienen la capacidad de influir de tal modo al entorno natural.
Por supuesto la longevidad de las diferentes especies, es función de dos básicas variables: Las condiciones de su medio ambiente por una parte y por la otra, la carga genética disponible en sus cromosomas. Esto quiere decir, que lo que somos depende únicamente de dos factores: de lo que nos heredaron nuestros antecesores y de las influencias que hemos sufrido a lo largo de nuestra existencia. De lo primero, no tenemos la más mínima capacidad de influenciar, (“no lo hurtas, lo heredas” solía decir mi sacrosanta madre, “lo cáido, cáido”, dijo Cantinflas), pero de lo segundo, la responsabilidad inicial es de nuestros padres, parientes, amistades, médicos, maestros, etc. Esta importante responsabilidad es progresivamente colocada en nuestros débiles hombros conforme crecemos y alcanzamos la ansiada madurez. De todas maneras, inmaduros o no, cada paso, cada decisión tomada, desde; “mama derecha, mama izquierda”, es binaria, digitalizada y crecientemente consciente, no nos hagamos tontos, todos tenemos responsabilidad del cómo somos y qué nos pasa, No quiere decir esto que el “Destino Inexorable” del hombre es una entelequia inexistente (en mi opinión), sino que, existe tan grande número de factores externos a nuestra existencia que influyen en nuestra actividad, y que interactuan con nuestras vidas, las cuales están tan intrincadamente relacionadas entre sí, que el resultado final de lo que nos sucede, está finalmente determinado por el azar, esterendipia o suerte. Por eso podemos decir que “somos el arquitecto de nuestro destino”, pero que la suerte o fortuna personal de cada quien juega un importante y decisivo factor.
Pero ¿y la post-madurez qué?, ¿dónde está, o dónde encaja?. Bien, pues para eso necesitamos determinar que entendemos como “madurez humana”. En mi concepto es ese estado físico-biológico de equilibrio, en donde dejamos de crecer y nuestros tejidos y órganos alcanzan la plenitud funcional y son autosustentables y no claramente definido desde el punto de vista psicológico y mental, pero determinado en gran medida por la relativa autonomía, suficiencia y estabilidad emocional que logremos en nuestra existencia (es lo que yo denomino “Estado de Betabel”).
Bajo estos parámetros podemos afirmar que de hecho existe un desfase entre la madurez física y la mentada “madurez mental”, porque frecuentemente podemos observar a personas “maduras”biológicamente, que son terriblemente dependientes de sus congéneres y o son tremendamente inseguras, o sus reacciones ante los sucesos de la vida son impredecibles y muchas veces autodestructivos, en semejanza a los mucho más jóvenes o los niños, y lo opuesto también; personas inmaduras desde el punto de vista biológico, que hablan y actúan con una madurez que asombra a propios y extraños, (yo tengo una nietecita de escasos 7 años, que piensa y actúa como si tuviera 16 “Going into seventeen”) En realidad, si nos ponemos muy estrictos en este concepto, la supramencionada y ansiada “madurez emocional”, es muy difícil de obtener puesto que todos los seres humanos, somos terriblemente interdependientes. El hombre, como muchos animales exitosos en su existencia, es necesariamente un “animal social”, que tiene y ocupa una lugar definido en la escala evolutiva y en la jerarquía social de su grupo.. Existen pues personas que “maduran”, temprano en sus vidas, (a veces antes de madurar biológicamente), y también personas que no maduran nunca. Dicen (sobretodo las mujeres que son tan sabias), que los hombres nunca maduramos del todo y puede que tengan razón, (que haríamos sin ellas), la imagen materna es predominante en nuestras vidas y da sustento y seguridad a nuestra sufrida existencia. Ellas también lo son con respecto a la imagen paterna (creo yo), pero “¡aléguenle al árbitro!”, para que nos metemos en problemas. Yo por lo pronto estoy satisfecho con ser dependiente de la femenina contraparte y de que ellas también lo sean de nosotros, yo pienso que este es el plan Divino y que somos mutuamente complementarios.
Bueno, pero “todo por servir, se acaba” y “todo tiene su límite”, como dijo la viejita de 98 años casada por más de 70, con el mismo (y sufrido) cónyuge, manifestando ante el juez su deseo de divorciarse, por “incompatibilidad de caracteres”.
El estado de Supramadurez Humana, de hecho existe y es aquel en donde los tejidos biológicos ya no tienen la capacidad de regenerarse a la misma velocidad a la que se destruyen y caducan. Recordemos que todas las células humanas de las que estamos físicamente compuestos (varios, muchos billones de ellas), tienen en su estructura biológica, cadenas interminables de aminoácidos, que son la base de las substancias proteicas características de la vida, todas y cada una tienen vida y existencia propia (aunque no independiente) y que unas de ellas, el ADN y el ADRN o ácido desoxirribonucleico, poseen la importante característica de almacenar información referente a cómo debe de ser la estructura de tales células, grupos de ellas o tejidos y finalmente órganos en interrelación. Esta información o código genético, está claramente programada en cada una de nuestras células, tiene además un claro “reloj biológico”, que determina las veces que dichas células pueden reproducirse binariamente, o sea asexualmente, sin necesidad de intercambiar material genético con otras células ajenas pero de la misma especie.
Todas las células de nuestro organismo, a excepción de las células neuronales más especializadas, tienen dicha capacidad de regenerarse a través de la división celular o “mitosis”, pero lo hacen a tasas temporales diferentes en cada tejido, y así por ejemplo, existen células que se regeneran casi diariamente como las células de la piel, o las células de la sangre que lo realizan aproximadamente cada 30 o 40 días, las células óseas que están continuamente destruyéndose (osteoclastos) y reconstruyéndose (osteoblastos), o inclusive las células tumorales “malignas”o cancerosas que están continuamente, indefinidamente reproduciéndose e invadiendo otros tejidos sanos.
Cuando los tejidos corporales dejan de obtener el necesario equilibrio entre su crecimiento y destrucción y además dejan de cumplir sus funciones a plenitud, como sucede claramente con los órganos sexuales o reproductivos, pero también en muchos otros órganos y tejidos, particularmente el Sistema Nervioso Central (eje cerebro-espinal), Sistema Músculo-Esquelético, Digestivo, Cardiovascular y muchos otros indispensables para mantener un estado saludable satisfactorio, empiezan a caducar y a envejecer, en realidad en este sentido, todos los tejidos del cuerpo “envejecen” desde muy temprano en la vida.. Sucede además que todos los órganos y sistemas del organismo están íntimamente y relacionados no solamente físicamente en el mismo individuo, sino que tienen una fina interrelación química neurohormonal y neurotransmisora, que hacen posible el realizar las múltiples y complicadas funciones, que hacen que el hombre sea eficaz en su vida.
Bien, pues sucede, que la capacidad de los diferentes tejidos celulares de los órganos de los que estamos constituidos, por las razones mencionadas, no pueden regenerarse indefinidamente, al agotarse la capacidad de su eje ADN-ARN para renovarse y por lo tanto tienden a ser deficitarias en sus funciones y estructura. Sin embargo, también es evidente que no lo hacen de una manera simultánea, por razones de origen genético inicialmente cada tipo de células está programada para un determinado número de mitosis o divisiones binarias, y esto es peculiaridad característica de cada tejido.. Hoy día nuestros geniales científicos primer-mundistas, están enfrascados en encontrar (después de la maravilla de descifrar el “Genoma Humano”), los genes que determinan la “longevidad celular. Nosotros, los “vegetales”, les admiramos y les deseamos suerte y les recomendamos paciencia y tolerancia a las decepciones (en lo que somos expertos).
Pero como mencionamos líneas atrás, no solamente las causas genéticas son importantes en el proceso de envejecimiento. Los efectos ambientales también son de gran importancia; En el transcurso de nuestra vida, estamos sujetos de manera variable, a la exposición de gran cantidad de agentes nocivos o tóxicos, que aceleran nuestro desgaste, como los son las substancias denominadas “oxidantes” o “alkilantes” y otras alteradoras de nuestra piel y medio interno. Además (como si fuera poco), los efectos de la exposición a múltiples formas de energía, como radiaciones (Cósmicas, Rayos X, Gamma, Ultravioleta, Luz, Calor, Sonido, etc.), hoy día también se discute el efecto de los grandes campos magnéticos en nuestro biosistema, (hasta ahora no se ha demostrado nada). Parece sorprendente que a pesar de tantos efectos nocivos todavía exista vida en la tierra , ¿No?.
Lo que si es necesario admitir es que la existencia de vida en la tierra, es muy frágil y que requiere de unas condiciones muy especiales; de elementos químicos propicios (oxígeno hidrógeno, carbono etc.) temperatura, humedad, presencia de escaso nivel de radiación cósmica, que parecen ser muy escasas en nuestro universo conocido. En este momento, es necesario el hacer una profunda reverencia, (an´a tip of my hat) maravillándonos asombrados y agradecidos a nuestro Creador, ante el milagro de la vida.
Bien, no sé si queda claro que todos nuestros tejidos, envejecen caducan y mueren a diferente razón temporal, dejados a su evolución natural y siempre que no ocurran sucesos catastróficos. Reflexionemos; desde nuestro nacimiento (ya de por sí un portentoso milagro), hemos estado sujetos a tan gran cantidad de efectos nocivos y riesgos mortales, que es realmente portentoso que aún estemos vivos. Luego, “para acabalar”, como decía el rancherito, estuvimos en manos de nuestros ingenuos e ignorantes padres, médicos y maestros, más tarde, por así decirlo; “tomamos las riendas de nuestro destino” (Já! y más Já!). Ahora, ¡Estamos viejos!, ¡Milagro!, como dijo la rancherita, al decirle a su “mamá”, que estaba encinta antes de tener marido. Demos gracias a Dios y congratulémonos de nuestra buena (o mala) suerte, y reflexionemos qué podemos hacer con lo nos queda de tiempo y de suerte. En líneas posteriores, es mi intención, exponer algunas sugerencias médicas y de otra índole para atenuar los efectos del envejecimiento.


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