domingo, 24 de diciembre de 2017

¿QUE PUEDO REGALARTE ESTA NAVIDAD?

Hol queridos Bets y toda la Palomilla.
deseándoles una Santa y nuy FELIZ NAVIDAD. Les comparto un pequeño cuentecillo que escribí para mis nietos.  Esta inspirada en la bella canción setentera "WHAT CAN I GIVE YOU THIS CHRISTMAS", popularizada por "Los Lettermen"  y que encontrarán  en blogs previos .
A ver que les parece:

WHAT CAN I GIVE YOU FOR CHRISTMAS
-Una Historia de Amor-

CAPITULO I

El sol se ocultaba bajo grises nubes de bordes intensamente naranja y resplandecía en las suaves ondas del Pacífico. El bello y tranquilo atardecer lucía ominoso por las rachas de viento del norte que rizaban altas crestas coronadas de espuma y rodaban estruendosamente sobre la playa, al oeste el puerto de Mazatlán brillaba tranquilo con las incipientes luces del temprano atardecer invernal, era viernes, se iniciaba un largo fin de semana.
Larry Anderson había despertado y perezosamente, estiró brazos y piernas, estaba realmente cansado y deseaba seguir durmiendo un poco más, pero sus amigos ya estaban en la playa gozando del hermoso atardecer y agradable temperatura, había algarabía en el lobby y el olor a carne asada desde la cocina despertó su apetito, no había comido desde que subieron al avión que los transladó de Phoenix horas antes para un fin de semana en su playa predilecta, y tenía la boca seca.
Gene su compañero de habitación le había dejado una nota en la mesita del cuarto: “You bum, I could´nt wake you up, Billy and I are at the north beach across PiñaColada Bar, bring some more beer or...”.
Tomó varios tragos de agua de la botella del buró y rápidamente se ajustó los largos trunks color naranja, pensó “cómo odio este color,-pero era un regalo de Leslie, su prometida que era residente de Pediatría en el Children's Hospital-, rápidamente fue al baño, luego tomó su tabla de surf y bajó con largas zancadas hacia el lobby sin usar el elevador.
Larry había celebrado su 30 aniversario días antes en la casa de sus padres en Phoenix y tuvo que dejar el festejo para acudir a una emergencia en el Arizona Heart Institute en donde cursaba el tercer año como residente de Cardiología.

Cristian había cumplido 10 años la pasada semana y ansioso esperaba el tañido de la campana que anunciaría el fin de clases en esa soleada tarde de viernes, Criss como le decía su madre, era un avispado e inquieto jovencito que había prometido a su madre superar sus calificaciones. Para hacer méritos, deseaba competir para una beca escolar en la mejor secundaria de la Ciudad, la Kennedy School, donde estudiaría inglés, él soñaba con algún día estudiar Medicina en Estados Unidos.
Su madre, una menuda y activa mujercita de 28 años, trabajaba en el Hospital General del IMSS en Mazatlán, en donde laboraba en la Unidad de Urgencias. La enfermera LuzMaría Alvarado, se había distinguido por su brillante desempeño y atención a los pacientes más graves. Dotada de una aguda inteligencia, aunaba a su agradable presencia, sus brillantes ojos obscuros y la sedosa melena castaña que enmarcaba su rostro moreno. LuzMaría o “Luzma”como le decían sus amigas, (en su casa le decían “Lucero”) era muy apreciada por sus jefes y querida por sus compañeras ya que siempre estaba deseosa de ayudar en las tareas más difíciles, o tomar turnos extra cuando alguien lo necesitaba.
Esa tarde, LuzMaría se apresuró a checar su tarjeta esperando que no se presentara otra enfadosa emergencia que echara a perder su promesa de acompañar a su pequeño Cristian a la playa y ayudarlo a elevar el gran cometa que tan afanosamente había estado construyendo el chico días antes.
Había sido un turno demandante para LuzMa en la activa Sala de Urgencias; dos partos de emergencia, tres accidentados, dos heridos de bala y un apuñalado habían consumido casi la totalidad del turno y todavía sentía sangre en las manos a pesar del enérgico lavado de rutina. Tomó el autobús a su casa y entró saludando con un beso a su madre que todos conocían como Doña Sol (“Chole”), cambió su uniforme y descansó unos minutos en la cama pensando, “pronto llegará Criss con su loquera esa del papalote”. El chico entró como una tromba saludando a todos y se dirigió a su madre gritando; vamos mamy, está soplando una buena brisa. La abuelita terció; “no se van hasta que hayan merendado algo”, “Ay abue, se nos va a hacer tarde!”
Media hora más tarde, abordaron el destartalado Chevy de la familia y se dirigieron a la playa de Miramar al oeste de la ciudad. Su mascota “Greñas”, un juguetón Spaniel color miel, se deslizó en el carro. Sol intentó bajarlo, pero Criss le rogó diciendo: “déjalo que nos acompañe, le sirve de paseo y le encanta el agua”. Luzma accedió con la cabeza y acarició la cabeza del “Greñas”.
El sol se había ocultado y el cielo se incendiaba con todo el esplendor de los ocasos marinos del puerto.
Larry avistó a sus amigos, Gene Sullivan, rubio y fornido y Andrew Hopkins atlético y moreno, ambos compañeros médicos residentes, eran surfistas ocasionales como él pero tenían habilidad y parecían disfrutar intensamente el momento. Saludó, agitando la mano, el rugido del mar ahogó sus voces y entró al mar decidido, era excelente nadador, había sido miembro del equipo de natación de su escuela. El agua algo fría tensó su cuerpo y una oleada de adrenalina le regocijó al hundirse en la primera rompiente, avanzó rápidamente remando con los brazos y hábilmente cruzó las siguientes crestas. El vaivén le entusiamó y volteando hacia sus amigos se arrodilló y los saludó con la mano, empezó a deslizarse doblando el torso y rodillas y sintiendo la fresca brisa en la espalda, gritó con alegría cuando la primera rompiente lo deslizó velozmente en la cresta de la ola, cruzó la segunda y en la tercera sesgando el cuerpo formó su primer túnel, exhilarante llegó a la playa y sus amigos, bromeando le dijeron: “Flojonazo! Te perdiste una puesta de sol espléndida, las chicas ya se fueron pero aquí tienes tu cerveza”. Se sentaron en la arena disfrutando el momento y luego ambos decidieron ir a la ducha. Larry dijo: “Voy a tomar un par de rides más y los alcanzo en el bar, el agua está deliciosa y la brisa sigue estupenda”. Bueno, dijo Gene, “pero no tardes que pronto obscurecerá”. Larry asintió y tomó su tabla nuevamente.

Criss y su madre bajaron del auto y se dirigieron a la playa que tenía pocos bañistas. La brisa soplaba deliciosa, Luzma se sentó en la arena para descansar, se quitó las sandalias, hundió los pies en la arena, se quitó la cinta que le sujetaba el pelo, inclinó la cabeza hacia atrás dejando flotar la abundante y hermosa cabellera en la refrescante brisa, llenando los pulmones gozosamente se recostó en la suave arena y sintió relajarse deliciosamente los músculos de nuca, hombros y espalda, el momento de relax no duró mucho; Criss llegó jadeando y le dijo: “Mamy por favor ayúdame, el papalote se atoró en aquellas piedras y tengo miedo de que se rompa”, de mala gana Luzma se incorporó, se puso sandalias y trotó hacia donde señalaba su hijo. El artefacto, un ligero y adornado cometa, estaba semiflotando y la cuerda enredada en unas rocas de la playa. “Mantén tensa la cuerda Cris, no la sueltes”. El perro empezó a ladrar nerviosamente y corría hacia la resaca y regresaba, Luzma sintió una punzada de alarma en el pecho y volteó la cabeza hacia el mar, le parecía haber oído algo, se detuvo en el borde del agua para escuchar, pero sólo la brisa sonaba intensamente. El sol había desaparecido, pero la luminosidad del cielo era todavía excelente, desatoró el papalote y se dirigió hacia la playa, otra vez sintió esa sensación de alarma. El perro ladraba incesantente y parecia enloquecer, corriendo en círculos alrededor de ellos. Luzma gritó; “ya calla a ese perro Criss, no sé qué le pasa”, y otra vez percibió algo, un sonido apagado por el viento. Alarmada instintivamente entró al agua y escuchó con las manos detrás de las orejas..., nada, sólo el aullido del viento, el perro seguía su frenética danza y el muchacho se acercó, “que pasa Mamy?” “no sé, creí haber oído algo” dijo, con el corazón, latiendo fuertemente. De repente entre las olas creyó ver una mancha naranja. El perro se lanzó al agua y cogió algo, una delgada cuerda de nylon, ella tomó la cuerda y la jaló fuertemente, apareció una tabla de surf anaranjada, la cuerda estaba deshilachada y parecía haber sido arrancada. Volteó a ver a su hijo y le dijo, “Criss, no te muevas de aquí” y en un impulso intuitivo, se lanzó al agua con la tabla, braceó enérgicamente y cursó varias olas, volteó y vio que tanto Criss como el perro venían detrás de ella, sintió furia ante la desobediencia del chico y sintió ganas de regresar para impedirle seguirla, pero le pareció ver una mancha pocos metros adelante y siguió braceando. En un valle entre la olas pudo ver algo que agitaba el mar, avanzó se hundió y tocó algo... cabellos, tiró de ellos con fuerza y apareció una cabeza inerte, el Greñas y Criss estaban junto a ella. Repentinamente vio horrorizada la ominosa aleta de un tiburón, sintió un pánico paralizante y pensó; “qué rayos estoy haciendo aquí, Dios mío ayúdanos”. Criss y el perro estaban junto a ella y les gritó: “ayúdenme a subir al hombre a la tabla!”. La aleta se acercó y el perro volvió a ladrar fuertemente. Con desesperación aunaron fuerzas madre e hijo y lograron subir el torso del hombre a la tabla y pateando con fuerza empezaron a avanzar en dirección a la playa, Criss era un fuerte nadador a pesar de su edad, ella también nadó con desesperación impulsando la tabla hacia la playa, el perro había desaparecido y sintió un gran temor pero pensó, “yo no puedo ayudarlo, Dios mío ayúdanos y cuídalo”, sin pensar que ellos también estaban en un grave peligro. El tiempo pareció detenerse y los minutos eternos, pero con su arriesgado empeño, casi exhaustos, finalmente lograron pisar arena y luchando con todas sus fuerzas contra la resaca lograron encallar la tabla y el cuerpo de un hombre alto e inerte. Con un último desesperado esfuerzo, lograron arrastrarlo tirando de sus brazos, sacándolo totalmente del agua. Criss volteó hacia el mar y gritó angustiado; Greñas, Greñas, dónde estás? Su madre le dijo “déjalo, él vendrá”, mejor ve corriendo a buscar ayuda”, “para qué Mamy, el cuate este está muerto”, “cállate y haz lo que digo!” contestó ella. Era un hombre joven delgado y fuerte que no parecía respirar. Ella, con instinto de enfermera, buscó el pulso carotídeo, no sintió nada, desesperada golpeó fuertemente la espalda del sujeto lo volteó e inició compresiones enérgicas en el pecho; uno, dos, tres y apretando la nariz del paciente sopló con fuerza en su boca, iniciando la maniobra cardiopulmonar que le era tan familiar, el muchacho aterido de frío observaba fascinado, ella le gritó; “ve hacia el hotel menso, qué haces aquí!”
Los minutos se hacían eternos y el joven no parecía reaccionar, pero Luzma continuaba enérgicamente sin descanso su tarea, el hombre estaba flácido, su piel y rostro tenían un tinte amoratado, desesperada Luz golpeó nuevamente su pecho con el puño y reanudó con mayor energía la maniobra, implorando dijo entredientes; “Señor, por favor ayúdanos, ojalá y no sea demasiado tarde”, ella sabía que en ocasiones la reanimación es exitosa, pero el daño cerebral es irreversible y ella no sabía cuanto tiempo había transcurrido, se detuvo unos momentos para poner el oído en el pecho del sujeto y buscar pulso en el cuello, nada percibió. El viento había disminuído un poco y nadie venía, reanudo con mayor ímpetu su labor y súbitamente el hombre tosió fuertemente y luego vomitó abundantemente levantando una mano hizo un intento de incorporarse, ella utilizando toda su fuerza lo puso sobre el costado, palmeando fuertemente sus costillas, el hombre seguía flácido y ella reanudó las compresiones pectorales con energía, finalmente después de un momento que parecia eterno el hombre abrió totalmente sus ojos de un verde obscuro que centelleaban intensamente y ella lo ayudó a sentarse y a salir completamente del agua, su piel había mejorado en color pero estaba muy fría.
Ella también estaba aterida y temblaba, el intenso esfuerzo había perlado su frente pero no sentía frío en lo absoluto, solamente una maravillosa sensación de gozo y gratitud inundaba su alma “Gracias Dios mío, gracias” musitó. Lo abrazó con fuerza tratando de comunicarle calor y fue hasta entonces que se dio cuenta de las profundas heridas que presentaba en ambas piernas; en la rodilla y muslo derecho presentaba un profundo desgarre que exponía hueso en la rodilla y región inferior del fémur, por atrás de la rodilla, sangraba abundantemente con chorros intermitentes caraterísticos de lesión arterial, “la arteria poplítea” pensó, y procedió a comprimir la región con la camisa desgarrada del hombre, con la cinta de su cabello improvisó un torniquete, mientras él la comtemplaba aturdido y sorprendido.

Larry experimentó un gran alivio, lo último que recordaba era que de regreso de su último “ride”, sintió un fuerte golpe en la parte trasera de la tabla y salió disparado hacia un lado, enseguida experimentó un terrible y lacerante dolor en la pierna derecha, instantes después se vio en una desesperada lucha para no sucumbir por el terrible tirón que lo impulsaba hacia abajo, pateó con todas sus fuerzas. la pierna y el costado derecho eran un llamarada de dolor, la bestia retornó, pudo ver claramente, las fauces abiertas a ras de agua y en el costado rayas grises, lo atenazó nuevamente en la cadera izquierda e instintivamente buscó los ojos de la bestia, pudo introducir el pulgar derecho en una enorme órbita y sintió que perdía toda sensibilidad y después..., nada.
Como entre sueños, discernió una cara inclinada sobre él, no sentía dolor, sólo un agradable sentimiento de paz, apreció angustia en el rostro que lo miraba con los ojos más bellos que había visto en su vida, casi una rendija de ojos, con lágrimas que brillaban intensamente, el negro cabello pegado al rostro y arena en la cara. Poco le duró esa sensación placentera de armonía y paz, un terrible dolor en la cadera y pierna derecha y frío intenso se apoderó de él, sintió nuevamente desvanecerse y luchó desesperadamente contra la obscuridad que se apoderaba de él. Escuchó una voz que le decía en español; “Por favor respira!, respira, tose fuerte, fuerte!, más fuerte!, y en tono de súplica; “no te vayas por favor, respira, Diosito por favor, ayúdanos!”. Él volvió a ver ese extraño rostro, que le fascinaba.
Cristian entró al Bar del Hotel, música, muchas voces y risas. Asustado y llorando, gritó; “Ayuden a mi mamá por favor”. Nadie le hizo caso y gritó con todos su pulmones... Nada.., entonces emitió un agudo silbido, -como cuando arriaba los caballos de su tío-. Todos callaron y voltearon para ver a un pequeño muchacho totalmente empapado, que les suplicaba ayuda. Explicó que él y su madre habían sacado un turista del mar, atacado por ¡UN TIBURÓN!
Que alguien llame a la Cruz Roja!.. No, mejor al 911! “Noo, vamos a ver si es cierto, aquí no hay tiburones” dijo el barman! Casi todos salieron en tropel siguiendo al muchacho que estaba muy excitado y llorando trataba de explicar lo que había pasado, “y mi perro ahuyentó al tiburón y este se lo comió” dijo llorando.
Cuando el grupo llegó al sitio, habian transcurido casi 15 minutos desde que el muchacho fue por ayuda, encontraron una escena inusitada, una pequeña mujer joven de pelo largo abrazaba la espalda de un hombre alto y delgado recostado en su regazo, recordaba aquella bella escultura de Miguel Angel “La Pieta”. Entre varios levantaron al hombre semi-inconsciente y lo llevaron al bar, cubriendo su frío cuerpo con toallas, el hombre apenas consciente, respiraba con dificultad y sangraba profusamente de la extremidad inferior derecha y ambos brazos. Alguien dijo; “Hay que darle un trago de tequila!”, Luzma indignada dijo: “están locos, no le den nada, recuéstenlo, abrígenlo, no lo muevan tanto, soy enfermera y paramédico, hay que esperar a la ambulancia, traigan un botiquín de primeros auxilios!” El tono autoritario y vehemente de la pequeña mujer, calmó los ánimos y ella pudo aplicar antiséptico en las heridas y vendaje apretado en el muslo y rodilla derecha, aflojando el torniquete un poco y voviéndolo apretar al ver que el sangrado no había cedido. Alguien trajo un tanque de oxígeno y pieza bucal de snorkel, “no, eso no sirve, mejor una mascarilla”. Improvisó una con una bolsa de papel.
Finalmente llegó la ambulancia con los paramédicos, “pensamos que no era verdad, tenemos muchas llamadas falsas”. Luzma dijo; “signos vitales por favor y oxímetro digital, dos vías intravenosas con salina al 9%, yo soy enfermera de urgencias”. “Sí, y qué más, chiquilla malcriada!” Espetó el comandante, Los comensales dijeron; “hagan lo que dice!, ella sabe lo que hace, ella y su hijo rescataron a este hombre. Él entreabrió los ojos y dijo con un hilo de voz; “It´s true, she and the boy rescued me”. Y se desmayó otra vez.

Bill y Gene, sus compañeros, lo esperaron un poco en el bar y luego deseando ducharse fueron a la habitación. Extrañados por su prolongada ausencia, bajaron al bar y al no verlo, preocupados fueron a la playa con linternas y escrutaron los sitios convenidos, nada, luego escucharon a un perro ladrar, fueron corriendo vieron a un pequeño perro, la tabla naranja de Larry y (extraño), unas sandalias femeninas y algo de ropa ensangrentada. El miedo se apoderó de ellos temiendo lo peor, el perro no cesaba de ladrar y parecía querer decirles algo, desconcertados entraron al agua, pero nada anormal. Bill dijo; “looks like the scene of a crime Gene, It´s scary, no?”, “Aww, No, dijo Bill, “better go to the hotel to report the disappearance”. Y regresaron corriendo al Hotel. El manager no estaba en la recepción pero escucharon algarabía en el restaurant exterior y luego la aguda sirena de una ambulancia que se acercaba. Salieron rápidamente y una multitud de huéspedes y empleados, le señalaron a su amigo, tendido en una mesa rodeado de una pequeña multitud, se acercaron empujando gente y asustados hablaron a Larry que entreabrió los ojos y sonrió. Dos paramédicos y una muchachita lo atendían, preguntando en difícil spanglish a los curiosos: Tiburón, tiburón... Shark? Oh no , my God, no! Dijo Gene.
Los paramédicos terminaron la estabilización y aplicaron oxígeno nasal, colocaron a Larry en la camilla y lo sujetaron abrigado con frazadas. Luzma dijo; “Creo que es mejor llevarlo al Hospital del Seguro, no está lejos y ahí tenemos una buena unidad de trauma”. Bueno, dijo uno de ellos, “nuestra unidad está casi llena y los médicos no se dan abasto”.
Los compañeros de Larry no entendían muy bien que pasaba, pero Bill dijo en español quebrado: “Creo que deberiamos llevarlo al aeropuerto y pedir una ambulancia aérea para llevarlo a Phoenix”. Luzma contestó indignada; “De ninguna manera, está muy grave, se va a morir en el trayecto, aquí también tenemos buenos médicos!”, se está desangrando y apenas salió de paro cardiaco”. Alguien tradujo la declaración y Gene dijo; Bueno, pero hay que notificarle al Cónsul americano y a su familia.

Mientras tanto, Cristian había salido corriendo al escuchar ladridos lejanos, y ahí estaba..., el perrito junto a las sandalias de su madre y la ropa en la escena, olfateando afanosamente. Greñas, Greñitas, gritó y el perro saltó a sus brazos lamiéndole la cara. Criss no cabía de felicidad, lo abrazó y besó repetidamente. Su madre venía siguiéndolo y también acarició al perro, “Bendito sea Dios, el Greñas está bien, él nos salvó del tiburón, no sé cómo, pero gracias Dios mío, Gracias”.
Gene y Bill, finalmente se comunicaron con el padre de Larry y contaron lo sucedido. Los padres estaban muy alarmados y de inmediato iniciaron trámites para transladarse a Mazatlán lo antes posible.

Finalmente la ambulancia llegó al Hospital del Seguro Social, atestado como siempre, los paramédicos emplearon la palabra clave: “¡Tiburón”, Todos voltearon y abrieron paso curiosos. Las puertas que decían URGENCIAS, se abrieron, una enfermera y un médico aparecieron (la ambulancia había radiado el caso). Inmediatamente se inició el protocolo de “Ataque de Tiburón”, que les era familiar, el paciente había entrado en shock, la presión arterial y el pulso apenas perceptibles, pálido y frío, Procedieron a intubar la tráquea y asistir la respiración, a permeabilizar las vías endovenosas, con suero a chorro y preparar plasma y transfusión sanguínea.

Luzma llegó a su casa explicando precipitadamente lo ocurrido, su madre no daba crédito a lo que oia y era todo preguntas: “¿Estás bien hijita? Qué te pasó, cómo? y esa sangre?” Cristian trató de explicar todo, pero hablaba tan rápido que no le entendían nada y sólo después de calmarlo y darle un poco de agua, pudo explicar lo sucedido. Luzma rápidamente se cambió de ropa y se puso uniforme de urgencias y tranquilizando a su madre le dijo: “Mamy, estoy bien pero creo que me necesitan en el Hospital, luego vengo y te explico”.
Luzma llegó al Hospital y rápidamente se incorporó al equipo de atención, para informar y explicar lo que sabía:
Estaba en paro cardiorrespiratorio, lo saqué del agua e inicié CPR intenso por aproximadamente 20 minutos, él respondió recuperando pulso y respiración, seminconsciente, hipotérmico y en shock, tiene heridas graves sobre todo en la pierna y glúteo derechos y sección o desgarro de la arteria poplitea creo”, “sí pero ahora está en shock y hay que estabilizarlo, necesita sangre y tratar la hipotermia, contestó el médico. Hay que llamar al cirujano y alertar al quirófano, soliciten dos unidades de “O”positiva y dos de plasma, perfil sanguíneo al laboratorio y Rx tórax, ambas piernas y abdomen”, “¡no sería mejor sangre compatible?” Dijo Luzma? No hay tiempo niña!, dijo el residente, Angie dijo: “Yo soy A+, doctor por si se necesita”. “Bien dijo, llamen a los familiares”. “Doctor, es un turista de Fénix, él me lo dijo, sus parientes están allá”, “bien encárgate tú de contactarlos, y Ah! y también llamen con urgencia al Cónsul Americano”.
Poco más de una hora, la vigorosa constitución de Larry , respondió y se estabilizó. El Cirujano, el Dr. Francisco “Paco” Morales, un joven traumatólogo, se hizo cargo del paciente. Hablando con los amigos médicos de Larry los enteró del estado del paciente: “Salió del shock, sufrió trauma severo por ataque de tiburón, no tiene fractura ni ha perdido tejido, pero todavía tiene algo de Neumonitis por inmersión en agua salada sin embargo satura 92 % (oxígeno), perdió bastante sangre y la estamos reemplazando, probablemente necesitaremos más, ahora necesita volumen, la hipotermia se controla bien, es un tipo duro y muy fuerte, va a estar bien, pero necesita reparación quirúrgica inmediata, tiene daño vascular severo en región poplítea derecha y cadera y siempre hay riesgo de infección”. Bien doctor, dijo Bill, aquí tenemos a su padre en la línea, podría hacer favor de informarles”. El Dr. Paco gustoso, accedió, y tomó el teléfono, explicó el estado de su hijo, tranquilizándolos. Ellos insistían en su translado a Phoenix, pero él lo desaconsejó, explicándoles que el riesgo del translado era muy elevado, pero que iba a requerir tratamiento posterior y también rehabilitación. Después de hablar y considerar el caso, los padres accedieron y prometieron transladarse a Mazatlán lo antes posible.

Bill y Gene, le solicitaron al Dr. Morales, estar presentes durante la intervención, a lo que éste accedió gustoso, más tranquilos, aunque inseguros en un medio que desconocían, fueron al Banco de Sangre, para ofrecerse como donadores, ahí encontraron nuevamente a Luzma que también formaba fila, iniciaron charla acerca de los terribles acontecimientos que experimentó, ella amistosa y grac
iosa, relató su experiencia en su medio inglés-español, relató la angustia de sentirse sola y la compasión que le despertó el hombre inerme, dijo: “Pensé que estaba muerto, no sangraba nada, ni respiraba, pero yo sentí que todavía había posibilidades de sacarlo sin daño cerebral, eso fue lo que más me preocupaba”.

Media hora después, las puertas del quirófano se abrieron y Larry ingresó totalmente consciente, bajo ligera sedación, y bromeando con las enfermeras y el cirujano. Todo, parecía tranquilizarse, el dolor había desaparecido y una sensación placentera de paz se desvaneció cuando el Dr, Anestiólogo le decía; Sir, please count slowly from ten to one. TEN, NINE, EiGTH, SEV,...

(Esta es la primera parte , si no  están aburridos, mañana les pongo la siguiente.)


2 comentarios:

  1. Hola abuelito!
    Acabo ahora si de terminar tu cuento, es más bonito leerlo en papel :) como en los viejos tiempo. Nada más me quedó una duda al final, ¿Quién recibe la donación de espera de Larry? ¿Leslie o Luzma? ....
    Quiero una segunda parte! ¿Donde la puedo leer?
    Te quiero mucho!!

    Besos,
    Pisbon Ale.

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    1. No sabes como agradezco tu comentario. A veces creo que nadie lee mis blogs. Gracias!
      Mira el asunto de la donación la entiendo así: El corazón es para Luzma (como dice la canción) Se lo merecía no? El esperma lo solicitaba Leslie, y fué una de las razones que animaron a los padres de Larry a donar. Pero el esperma también pudo haber sido donado a la pequeña Lucita, No crees?

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